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Mi Fracaso Personal

EN DOS CIUDADES

EN MONTILLA

Á. me llamó esta mañana para informarme de cómo van los preparativos del viaje a Valencia. Lo del albergue ya está solucionado: la noche del jueves nos quedamos en una habitación doble, y el viernes y el sábado en una triple. El precio es muy económico, y por lo visto está en el centro de la ciudad. Nunca había tenido ganas de ir a Valencia, pero ahora con los preparativos y todo, pues sí. Á. ha estado navegando en Internet y viendo museos, monumentos y todo eso, aunque en dos días no nos va a dar tiempo de ver nada. Además, esta semana es fiesta en Valencia y nos pillan castillos de fuegos artificiales y cosas típicas del espíritu levantino. También representan la batalla entre el Cid y los moros, un horror de recordatorio.

Mis objetivos materiales del viaje son: probar la paella valenciana y beber horchata de chufas auténtica, no como la que venden en el supermercado. Aunque a mí las chufas me saben a rancio, igual que la horchata. A Á. le apetece visitar el Parque de las Artes y las Ciencias, aunque a mí después de lo del Fórum los grandes complejos de ocio no me entusiasman. Además, vale 23 euros, creo. Ya veremos, porque la economía no está demasiado saneada...

Dentro de una hora cogeré el autobús a Córdoba, que esta noche es la fiesta de despedida de Z. y la inauguración oficial del piso de R.R. Hasta ese momento, y si decido no ir al gimnasio, estaré limpiando el piso, que mañana llega Á. y no quiero que lo vea en aspecto 'granja'.

EN CÓRDOBA

AROBLES CUMPLE 23 AÑOS

AROBLES CUMPLE 23 AÑOS

Ayer me desperté sobre las 11.30. Desayuné y me di cuenta de que era mi cumpleaños. Me lo recordó mi madre, cuando yo untaba las tostadas con mantequilla. 23 años... Al rato me llamó Á., para felicitarme y para informarme de cómo van los preparativos del viaje a Valencia, los billetes del tren, la reserva del albergue, la coordinación con M. (la murciana de Cádiz). En principio nos vamos el jueves por la mañana, temprano, y llegamos allí pasado el mediodía. M. se incorpora el viernes, tiene que trabajar. Á. se vendrá a Córdoba el miércoles por la tarde, o por la noche, todavía no me lo ha dicho. Ahora estoy en Montilla, pero iré a Córdoba también mañana, a la fiesta de inauguración del piso de R. R. y a la fiesta de despedida de Z., que se va a Perú durante un mes. Z. me ha enviado unas fotos por correo electrónico que nos hicimos en una terraza de Córdoba la semana pasada, después de salir del periódico.

Por la tarde fui a la piscina de un familiar, y bebimos horchata, como un anticipo del viaje a Valencia, y después a la peluquería, a meterme la maquinilla del número tres. Podría haberme hecho una cresta, o dejarme coletilla, que ahora se lleva, pero nunca he seguido las tendencias en materia de peinado ("en materia de...", una expresión típicamente periodística).

Por la noche me llamó M., para felicitarme y para ver cómo iban los preparativos del reencuentro en Valencia. Me preguntó si iba a dar alguna fiesta por mi cumpleaños, pero nada de fiesta, ni de velas, ni de pasteles.

B. ya debe estar en Londres.

SUENA: "Friends of Mine", de Adam Green.

GRANDES JITS

El sábado me desperté a mediodía, justo a la hora de almorzar. Había quedado con Á., A., B. y esta gente para ir a la feria de día, que este año han puesto en el centro, para comer algo y despedir a B., que ya debe estar camino de Londres. Se marcha hasta Navidad. Pero como llevaba varias semanas sin estar por casa, le mandé un mensaje a Á. para decirle que no iba a comer fuera. Luego estuve durmiendo la siesta, y cuando me desperté Á. me había contestado el mensaje, que habíamos quedado a las 00.45 en el piso de A. para recoger las bebidas y hacer botellón en la feria, porque las copas están carísimas, y eso que las ponen en vasos de plástico y con refresco de botella de dos litros. Por la tarde estuve navegando por Internet, buscando algo para hacer en vacaciones, pero nada.

Luego me volvía a dormir. Llevo dos días como aletargado, invernando. Me duché, cené y de nuevo a la feria. Cuando iba para el piso de A. me encontré a Á., que estaba aparcando el coche, y mientras tanto llegó M., y luego también M. Z. y V. Nos fuimos todos juntos para allá, que ya nos estaban esperando. Por el camino empezó a levantarse aire, así que me di cuenta que había sido un error no elegir la camisa de manga larga. Pero bueno, luego entraríamos en calor bailando los grandes jits que ponen en las casetas.

Hicimos botellón en un descampado donde se reúne todo el mundo, sin luces y sin nada. Era como un mundo paralelo al recinto ferial, la infraferia, pero compartiendo espacio con todo el resto de la gente que bailaba sevillanas y los grandes jits que ya estaban poniendo sólo a unos metros de allí, en las casetas. Algunos habían aparcado los coches en el descampado aquel oscuro y ponían música. El botellón estaba a medio hacer, porque sólo teníamos las botellas, que ya iban por la mitad porque habían servido para otros eventos anteriores, y no teníamos ni hielos ni vasos ni refresco de cola ni nada. Creo que allí estuvimos alrededor de una hora, y cuando acabamos con todo lo que podíamos coger de otros botellones de gente que conocíamos nos fuimos, porque estaba muy feo ponerse por ahí a rebuscar entre los matorrales y detrás de los coches aparcados.

Así que fuimos a las casetas. Por el camino me encontré a M. J., que había venido desde La Palma a la feria. Estuvimos hablando un rato. Va a presentar un magacín en una televisión local. Estuvimos poniéndonos al día de toda la gente de Sevilla, y le dije que a ver si quedábamos este verano. Tengo que llamarla, y mandarle un correo electrónico a L.

Al fin llegamos a las casetas. Entramos a La Presentación, que es de una cofradía de Semana Santa. Al otro lado de la barra había una foto enorme de un Cristo doliente y sangrante con una corona de espinas, justo por encima de donde se compraban los tiques, así que se me puso muy mal cuerpo cuando fui a pedir un Cacique. Para entonces ya habían puesto una canción de David Bisbal y otra de Bustamante, y empezaba a sonar el gran jit del verano, Dragostea. Ya empezamos a animarnos. Casi toda la noche estuvimos allí, porque la música no decepcionó.

A las seis en punto decidimos irnos, aunque antes de coger el autobús de vuelta nos paramos a comer algo. Yo estuve con Á. y A. en un puesto de churros, y mientras que nos servían y comimos empezó a salir el sol. Luego llegaron los otros, que se habían parado en una hamburguesería. El autobús de vuelta iba lleno de gente, así que tuvimos que hacer el trayecto de pie. Nos bajamos en la parada del centro de salud: diez minutos más andando hasta llegar a casa. Cuando me tumbé en la cama eran más de las siete y todavía se oían los jits de la feria. Bajé la persiana, por si las vecinas se salían a las diez de la mañana a la calle a hablar de sus cosas.

SUENA: "Hang the DJ", The Smiths

ESTOS ÚLTIMOS DÍAS

Estos últimos días han pasado cosas, aunque no ha pasado nada. Bueno, compré el single de Los Planetas, que es el segundo disco que compro este año después del de La Buena Vida. Claro, ahora con Internet pues es más fácil y mucho más económico. El single está bien, sobre todo la versión de Un metro cuadrado, de Vainica Doble, que es mi favorita. La canción que J. canta con Irantzu muy buena también, aunque la segunda, Vuelve el rock mesiánico, es más de lo mismo. Creo que empiezan a agotarse. A ver qué tal el disco, que parece que la fecha de lanzamiento se ha atrasado sin concretarse nada.

Ayer llegué de Torrox, donde he estado con R., en su apartamento. Dos días muy tranquilos, en la playa que estaba enfrente justo del edificio. El jueves por la noche estuvimos en Nerja, y me hizo muchísima ilusión. Fuimos al Balcón de Europa, donde se rodó parte de la serie Verano Azul. Nos compramos un par de helados de yogur con cereza, muy buenos, y paseamos por allí. El Balcón de Europa es un poco como Las Ramblas de Barcelona, con un montón de artistas callejeros y muchos turistas ingleses y alemanes. Es extraño pensar que en Córdoba no exista ningún sitio así, que sea una ciudad tan provinciana. Incluso con el concierto de Bob Dylan, a quien no fui a ver, hubo problemas. Luego callejeamos por el centro de Nerja, todo muy bien, con muchos locales. En uno ponían música de Pulp y se escuchaba en toda la calle. Sobre las doce y media de la noche volvimos a coger el coche y de nuevo de vuelta a Torrox. No me había dado cuenta, pero el coche estaba aparcado al lado de La Dorada, el barco que siempre salía en Verano Azul, otro icono de los años 80. Tenemos que volver a Nerja.

Ayer todo el día en la playa, hasta las ocho de la tarde. Volvimos al apartamento, nos duchamos, preparamos las cosas y de vuelta para Córdoba. Vinimos escuchando por el camino Nirvana, que R. llevaba el Nevermind en el coche. Un disco absolutamente sobrevalorado, aburrido excepto dos o tres canciones. Yo no lo había escuchado nunca así detenidamente. Yo me quedé en Montilla, porque ayer había feria, y hoy también. R. siguió para Córdoba, porque hoy trabajaba. Antes de que ella se fuera, nos paramos a comer en el Gambrinus. Luego me dejó en mi casa y siguió el viaje.

Ya estoy de vacaciones, hasta el 14 de agosto. A ver qué hago. Á. me tiene que llamar para ver si vamos a Madrid a ver las exposiciones del Reina Sofía.

SUENA: This is Hardcore

RESACA

No he ido al gimnasio en toda la semana. Ni iré al menos hasta el martes, cuando vuelva de Málaga. Mañana me voy cuatro días de descanso. A la playa, con mi hermana y unas amigas de ella. Cogeré fuerzas para volver a Local, porque a partir del martes ya no estaré en Provincia. Así que se acabarán los viajes en autobús, las maletas por la siesta...

Ayer hubo fiesta de periodistas. Estuvimos en un hotel de súperlujo aunque ponían una comida súpermala. Una pena la bebida y todo, porque la cerveza estaba caliente y las copas parecían de garrafón. Y la comida... De pronto les dio por poner sólo pulpo con piña, y estuvieron un montón de rato sacando bandejas de pulpo con piña que nadie comía. Luego llegó la hora del lomo ahumado, y una hora poniendo lomo ahumado... Lo peor. Y luego no había ni música ni nada.

Luego estuvimos en un local, creo que era el único que había abierto en Córdoba un miércoles a las cuatro de la mañana. De la máquina de aire acondicionado parecía que de inmediato iban a salir cantidades y cantidades de legionela. Todo muy oscuro. A veces recuerdo el bar con una mesa de billar y otras veces veo, incluso, a gente jugando con los tacos y las bolas de billar.

Hoy todo el día cansado, con algo de resaca. Me desperté sobre las 11.30 y me fui para el periódico, mi último día en Provincia. Haciendo gestiones y terminando una entrevista que tenía que dejar hecha para el domingo. Luego estuvimos comiendo con S., que había venido de Sevilla para la fiesta, en el Pescaíto, un sitio en el que no ponen servilletas, los chipirones tienen tierra y hay un acuario con agua tan verde que los peces no se ven. Tardaron mucho en servir la comida, así que no nos dio tiempo de tomar café ni nada. Otra vez de vuelta al periódico. Toda la tarde haciendo cosas, aunque con un ambiente muy pausado, que parecía fin de semana.

Z. me mandó un mensaje, para ver si me iba a su piso a ver la final de la Casa de tu Vida, que a lo mejor echaban ya a Nabor y Amneris, que no sé muy bien quiénes son. Estuve escuchando Franz Ferdinand a ve si me espabilaba un poco y terminaba pronto la entrevista y podía ir para allá. Aunque mañana me despertaré a las 7.00 para coger un autobús a Montilla y luego ir a Málaga. Ahora llamaré a Z. y ya veo lo que hago.

TELEVISIÓN

No he estado haciendo nada, sólo viendo la televisión. Ayer descubrí que en un canal local ponen el programa de Laura al final de la tarde, y me enganché. Se titulaba “Mi padre me llevó a que debutara con una prostituta”, y salían dos niños de 13 y 14 años contando sus experiencias. Primero salió el de 14, que dijo que su padre quería que fuera un machote como él, que había estado con 300 mujeres. Así que una tarde lo llevó a un cabaret, como en ese país suramericano lo llaman. Allí conoció a una prostituta de 18 años, Rosita, de la que se enamoró y ahora es su pareja. Su padre le pegó en el plató por salir con la prostituta, con la que él también había estado. Luego salió la supuesta novia del chaval, de 14 años, a la que había obligado a tener relaciones. "Los hombres proponen y las mujeres disponen", se defendió. El padre volvió a pegarle por tener novia. Laura denunció a la prostituta, en lugar de al padre del niño, por corrupción de menores. Se ve que en este país la justicia es diferente.

Luego salió el de 13 años. Como todos sus amigos habían tenido relaciones y él no, su padre lo llevó al cabaret, para no crearle traumas en el colegio. El niño y el padre alardeaban, hasta que salió la enamorada del joven y le pegó, por haber tenido relaciones con una prostituta. Luego salió ésta, y Laura le echó en cara que se dedicase a la prostitución, en lugar de defenderla. "¿Cómo una joven como tú no trabaja en otra cosa?", le preguntó. "Mi madre estaba enferma, y de alguna forma teníamos que comer", explicó la niña. Laura volvió a denunciarla por corrupción de menores, y al padre del niño lo obligó a pasar un día en un centro de enfermos de Sida, para que fuera consciente de lo peligroso de este tipo de relaciones.

Por la noche vi un programa que es como Gran Hermano, en el que construyen una casa y al que no he podido engancharme porque los horarios no me coinciden y no puedo ver los resúmenes ni las galas especiales todas las semanas. Parece que todos están peleados, pero las discusiones no se basan sólo en lo que pasa delante de las cámaras, sino en la vida privada de los personajes, algo muy peligroso y que desde luego va a dejarlos a todos con traumas durante los próximos meses. Me llamó la atención la facilidad con la que la gente puede contar sus cosas, sus problemas íntimos y familiares para que se entere todo el país, algo como este diario.

RESERVISTA VOLUNTARIO

Como me he olvidado el impreso de retenciones en Córdoba, hoy no he podido ir a Hacienda a hacer la declaración de la renta. Mañana tampoco podré ir, así que ya lo tendré que dejar para la semana que viene, y si no pues nada, el Estado se quedará con mis retenciones. Hoy no he salido de casa en todo el día. Ayer llegué a Montilla por la tarde, porque tenía Pleno en el Ayuntamiento a las nueve y media de la noche. Salí casi a las doce y media, llegué a casa, cené y me dormí enseguida.

Por la mañana había estado en el gimnasio, que por fin me han cambiado la tabla de ejercicios después de cuatro semanas, aunque me han puesto un circuito tan exigente que no puedo llegar ni a la mitad. Luego estuve en una rueda de prensa en el Hotel Occidental, con gente súper importante a la que no supe qué preguntarle, pero me dio igual porque todos los periodistas estábamos igual. Luego llegué al periódico en taxi, corriendo, hice gestiones, volví al piso a almorzar, preparé la maleta y me fui otra vez corriendo al periódico con la maleta y todo, para no perder tiempo porque a las siete y media tenía que coger el autobús para Montilla. Un día muy estresante, así que hoy llevo todo el día sin hacer nada ni ningún tipo de esfuerzo ni ejercicio.

Llevo desde esta mañana dándole vueltas a lo del Ejército, porque en el periódico han ido en masa a hacerse reservistas voluntarios para ocupar plazas de periodista. Me estuvieron explicando y casi me han convencido, y ya he estado a punto de tomar la decisión afirmativa. Sería sólo un mes al año, con quince días de instrucción y otros quince de prácticas o algo así, yo el vocabulario castrense no lo domino en absoluto. Además, empezaría directamente siendo sargento, Sargento Arobles, en la Marina, en Tierra o en el Aire, aunque aquí no serviría porque me dan vértigos.

Ayer iba a ir con M., la compañera de piso de Z., que estaba muy entusiasmada con la idea y salió corriendo de la redacción para el centro de reclutamiento, desfilando y ensayando los saludos militares. Total, cuando llegó le dijeron que no cumplía los requisitos por no sé qué, así que le regalaron un pañuelo a conjunto con unos pantalones desmontables que llevaba y con una camiseta de camuflaje que se había puesto, para meterse un poco en el papel. Dice que le advirtieron de que en el ejército no podría saludar como lo hace ella, con un “holaaaa” ni con un “¿qué pasa?”, porque eso conlleva varios días de calabozo, y que la disciplina castrense es muy rígida. Pero bueno, la idea que tiene para cuando sea sargenta, la Sargenta M., es hacer aeróbic con la tropa, en lugar de instrucción, y practicar botellones y organizar fiestas, algo así como una showwoman entre los reclutas.

El martes por la noche estuvimos tomando unas cervezas y analizamos la idea y el concepto “ejército”. Ninguno hemos hecho la mili y, además, yo hubiera sido objetor de conciencia, pero al final me libré porque pusieron la mili voluntaria. Al final decidimos que nos da igual ser antiejército y antiguerra, porque ya estamos pasando los idealismos de juventud. Aunque antes de alistarnos creo que tenemos que hacer la jura de bandera, y yo no creo ni en las banderas ni en los escudos ni en los himnos ni en la selección nacional de fútbol, que seguro que vuelve a perder, como el ejército español si entráramos en guerra.

EN FAMILIA

Anoche no salí. Estuve viendo un rato la televisión y navegando por Internet y me acosté pronto. Hoy ha sido un día familiar. Como era la onomástica de mi hermana y de mi madre, ha estado comiendo parte de la familia en casa. Mis padres han hecho caracoles. Luego hemos estado en el campo tomando café y pasteles, licor de canela, de café y vino dulce. Todo muy bien, muy tranquilo en el campo. Un fin de semana diferente. Llevaba meses sin tener una reunión así, porque no pude venir a la comunión de mi primo. Antes de comer he estado en su casa, viendo el DVD de la celebración y todos los regalos. Me ha sorprendido que la gente aplaudía en la Iglesia, durante la ceremonia religiosa. Todo como si fuese un espectáculo.

También he ido a votar. No me encontré a nadie en el colegio electoral. Todo estaba vacío. No me ha extrañado que la vicepresidenta del Gobierno haya dicho que apenas el 45 por ciento de los censados habían acudido a las urnas. Yo lo tenía muy claro: voto nulo, como la última vez. Soy periodista y, por tanto, abstemio en temas políticos. Después de salir del colegio electoral mandé un mensaje a Z. A ver cómo queda IU. Un fracaso seguro. Como siempre.

CUALQUIER DÍA

El ruido de la obra de al lado volvió a despertarme a eso de las ocho de la mañana. Se ve que es la hora en la que empiezan a trabajar los albañiles, y comienzan a emitir gritos y a utilizar máquinas que rugen, chirrían, retumban y suben los decibelios hasta niveles incalculables. Mi calle debe ser la más ruidosa de la ciudad. Estuve como media hora dando vueltas en la cama, pensando si iba al gimnasio o no, porque estaba bastante cansado. Que si voy, que si no voy, que si voy, que si no voy... Me dieron casi las nueve con la indecisión, pero al final preparé la mochila y después de desayunar me planté allí. Cuando llegué ya había gente, y se llenó al pronto. Se ve que el calor lleva a la gente a madrugar y a tomar decisiones como ésta, o que la ciudad está llena de obras.

Fui al periódico sobre las once y media. Estuve haciendo llamadas y mandando faxes, que es un medio de comunicarse que acabo de descubrir y que es muy eficaz, incluso más que el correo electrónico. A eso de las doce y media la gente empezó a llegar al periódico. Se notaba que era viernes, y que teníamos ganas de terminar la semana, porque cuando nos fuimos a mediodía nos paramos a tomarnos unas cervezas en el bar Manolo, que está debajo del periódico. Yo soy bastante perezoso para tomar cañas al mediodía, porque luego me entra sueño y soy incapaz de volver al trabajo. Pero como ya llegó Z., pues me quedé.

Al final terminé con M. y ella en el piso de ambas. M. había hecho gazpacho la noche anterior y prepararon algo de comida y estuvimos allí almorzando los tres y viendo Aquí hay tomate. En este piso nunca falta el gazpacho, que aquí es como el agua mineral o la Coca Cola, que se consume a todas horas. Terminamos de comer tarde, así que M. y yo llegamos al periódico casi a las cinco. Z. se quedó en el piso, durmiendo la siesta, porque tiene la suerte de que casi nunca trabaja por las tardes.

Yo llegué con cero ganas de trabajar, pero hice un esfuerzo. La tarde fue bastante movida porque se encontraron en La Rambla el cadáver de un hombre cuya mujer había aparecido el día anterior asesinada en Granada. Además, como tenía que dejar un reportaje para el fin de semana, salí del periódico pasadas las once de la noche. Había quedado con Á., que ya se ha vuelto definitivamente de Madrid y estuvimos con otra amiga de él tomando unas cervezas en el Cotton Club, una terraza nueva que ayer mismo inauguraron en la zona de El Tablero, donde no había estado nunca pero que está muy cerca de casa. Muy bien el sitio, aunque se echaba de menos algo de música.

Volví al piso sobre las dos y media de la noche, desde casi las once en que salí por la mañana. Solté la grabadora, la agenda, la libreta y el bolígrafo y me tumbé en la cama con la ventana abierta echando un vistazo al último Rockdelux, que trae una entrevista que está bastante bien con Morrissey. Leyendo las respuestas tan originales y escuchando a The Smiths me quedé dormido. Hoy amanecí enredado en los auriculares.

VENUS IN FURS

Acabo de terminar una entrevista que saldrá publicada el domingo y estoy literalmente muerto, exhausto. La semana ha sido tranquila, muy ahorrativa, excepto hoy, que R. y yo hemos vuelto a recuperar la tradición de almuerzos fuera de casa. Hemos ido al chino que hay junto al periódico, y luego hemos estado en El Corte Inglés, mirando los libros y los discos, que están al 21% de descuento y aún así son caros. Yo he mirado el último de The Magnetic Fields, para ver cuánto me había ahorrado bajándomelo por Internet, y han sido 22 euros...

Antesdeayer telefoneé a Á., que trabaja en Huelva y estaba un poco mosqueada porque nunca contesto el correo electrónico porque me da mucha pereza. Como nos coinciden algunos días de las vacaciones de verano, pensamos en plantear algún viaje. Se lo comenté a R. y ella ha propuesto ir a San Sebastián, porque tenemos casa gratis. Por mí bien, y creo que a Á. también le gustará la idea, aunque aún tengo que llamarla para ver las fechas concretas. Quizás después de estar unos días en Donosti vayamos a Santiago de Compostela, que hay algunos conciertos muy chulos por toda la movida del Xacobeo aunque R. pasa de la música. No lo entiendo. Le propuse hacer la última etapa del Camino para innovar un poco, pero la idea no le gustó en absoluto, sobre todo porque en la última etapa los albergues estarán hasta los topes de gente. Además, mejor, yo todo ese sentimiento de hermandad y confraternidad tampoco lo comparto mucho...

El lunes por la noche estuve en casa de Z., cenando gazpacho. No sé cómo lo hace pero siempre le sale igual. Y además no lleva pan, así que no engorda nada y puedes repeter todas las veces que quieras, dijo. Creo que el cacharro que nos bebimos entre tres (también estaba S.) debía contener como tres litros. Luego estuvimos un rato viendo Crónicas Marcianas, pero Z. se acostó temprano porque entra a trabajar a las ocho y media de la mañana. Yo me quedé un rato viendo la tele con S., y luego me volví al piso.

El martes a mediodía estuve en la Diputación, que había quedado con Z. y con uno de sus alcaldes (parecía Luis Tosar) para hacerle una entrevista (la que acabo de terminar). Z. le recomendó que se quitara la funda del móvil que llevaba atada al cinturón para las fotos. Luego salimos a la calle, porque se supone que había un eclipse o un fenómeno astronómico (Venus pasaba por delante del sol) que nunca más en nuestra vida volveríamos a ver. Yo fui un poco reticente, por si nos quedábamos ciegos. Pero total, nos arriesgamos y miramos al sol. No vimos nada. Si en los próximos días tenemos problemas de visión pediremos una baja laboral.

RELAX

Ayer todo el día descansando, relajado, tumbado, recostado, durmiendo la siesta, como preparándome para lo que hoy llega: P. debuta en cierre, y yo lo acompaño. Esto quiere decir que saldré del periódico a eso de las dos de la mañana, después de nueve horas de trabajo ininterrumpido. Si no hay cambios, después de acabar me esperará la fiesta de Z., que inaugura su residencia de verano en casa de M. y S. Así que el domingo me despertaré a mediodía, no me dará tiempo de ir al gimnasio, almorzaré y me volveré al periódico.

EL VERANO EMPIEZA AQUÍ

Cuando ayer quité la última manta que me quedaba en la cama me di cuenta de que ha llegado el verano. En realidad empezó el lunes, cuando J. C. se marchó y fui consciente de que llevábamos cuatro años compartiendo piso. Los veranos siempre empiezan con una ruptura. Ahora los defectos se agigantarán: más suciedad, más desorden, más televisión.

Toda la semana ha girado en torno a dos conceptos (el verano y la ruptura que ocasiona) que han traído múltiples cambios: quitamos las enaguas de la mesa del comedor, por fin compramos la bombona de butano, barrimos el piso, compré un tendedero portátil (a la ropa ya no le puede dar el sol), verdura y líquidos variados (zumos, leche, agua mineral) y guardé todo lo de invierno (mantas, jerséis, abrigos, zapatos).

Esta mañana me despertó el ruido de la obra que acaba de empezar frente al piso, justo delante de mi ventana. Como por la noche ya no se puede dormir y hay que abrir todo de par en par, el ruido era ya insoportable a las ocho de la mañana. Estuve como una hora dando vueltas. Luego desayuné mientras escuchaba The Magnetic Fields y me fui al gimnasio (las pesas son cada vez más insoportables). Después me pasé por el mercado y compré algunas verduras. Creo que voy a empezar a experimentar con las ensaladas y las hortalizas. Luego hice la colada, almorcé y cogí el autobús para Montilla.

Por primera vez en semanas, no me ha sonado el móvil en todo el día. Tampoco he mirado el correo electrónico. A ver qué pasa mañana.

ALMUERZOS Y CENAS

R. me trajo ayer hasta Montilla en su Peugeot 205 desde Córdoba por la ‘carretera de la muerte’. Los coches nos adelantaban y se perdían a lo lejos. El viernes por la noche al final no fuimos a la feria. Cuando salimos del periódico estuvimos con L., nuestra compañera de sección, tomando unas cervezas en La Corredera. Luego fuimos a comer a un local de comida árabe que hay detrás del mercado, junto a unos contenedores donde los comerciantes de la plaza de abastos tiran los despojos del pescado. Pero el shawarma que pedimos estuvo muy bien, mereció la pena. Bueno, el pan de pita estaba un poco crudo. Casi parecía una hostia consagrada. El viernes fue el Día Internacional de la Comida Internacional. A mediodía estuve con R. en el chino que hay cerca del periódico, y nos atrevimos a innovar. Bueno, se atrevió ella. Pedimos dos menús, con lo de siempre: yo, rollito de primavera, arroz tres delicias y pollo con almendras; ella, ensalada china, arroz tres delicias y pollo agridulce. Ésta fue la innovación. Cuando le sirvieron este plato, con unas albóndigas rebozadas y frutas en almíbar, casi nos da algo. Pero a mí me gustó, casi más que el pollo con almendras.

Esta semana pasada he empezado a recuperar la tradición de cenas y almuerzos fuera del piso. Será por el buen tiempo y, sobre todo, porque llevamos una semana sin bombona de butano. Para la ducha no me importa, porque está la del gimnasio y esta semana he sido responsable y he podido ir todos los días excepto el martes, pero ese día aún caía algo de agua caliente. Lo del gimnasio bien. Voy por las mañanas, a eso de las nueve, y hago unos 20 minutos de bicicleta y luego algunas máquinas, algo que me aburre sobremanera. Prefiero la bicicleta, pero no es cosa de estar allí una hora entera pedaleando.

El jueves también cené fuera, en el piso de R. Preparó unas pizzas mientras yo hablaba con M. J., que me llamó al móvil desde Huelva. Llevaba desde el mes de julio sin saber nada de ella. Se está preparando las oposiciones a profesora de Secundaria y se presenta ya a finales de mes. Después de cenar nos quedamos un rato viendo la tele y nos salimos a la terraza. Se veía el resplandor y el ruido de la feria, algo para lo que no he estado preparado este año. A mediodía, también estuve en el piso de R. Su compañera preparó una ensalada de pasta y luego almorzamos mientras escuchamos Portishead. No le comenté nada. Ya le diré otro día que coincidimos en gustos musicales. El miércoles y el jueves todo el día yendo y viniendo del periódico, pero a buen ritmo sin estresarnos. El jueves, por ejemplo, después de salir, nos fuimos a dar un paseo por el centro. Pedimos unos helados y estuvimos un rato en Las Tendillas, completamente relajados.

Aparte de la falta de gas butano, del gimnasio, de las horas de trabajo y de los almuerzos y las cenas fuera, he estado toda la semana pensando en Barcelona, en los siete días que estuve allí con Mar, la murciana de Cádiz, y con R.

Esta semana también ha sido la feria. Estuve el lunes con los del periódico y nos estuvimos haciendo fotos. Una diputada me invitó a bailar, pero me resistí. Luego he pensado que hice mal, que a lo mejor me hubiera venido bien para trepar profesionalmente, aunque con todo el alcohol que llevaba la diputada imagino que a la mañana siguiente no se habría acordado de nada.

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En estos últimos días he tenido por primera vez la sensación de que se acerca el verano y de que aún no tengo planes.

SOY ADULTO

Ayer por la mañana, mientras estaba en la redacción, recibí una llamada de teléfono: "Ya puedes subir a recoger el certificado de las retenciones para la declaración de la renta". Entonces me di cuenta de que ya soy adulto: escribo en un periódico, pago impuestos, hago la declaración de la renta, conduzco, pago facturas, voto por correo, resuelvo problemas, creo problemas, hablo con políticos, hago promesas, rompo promesas.

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M., la murciana de Cádiz, me llamó ayer: no puede venir a Barcelona el fin de semana, pero se incorporará al viaje a partir del lunes. También hoy he hablado con R. Me ha preguntado si ya tenía las cosas preparadas, pero la verdad es que no he hecho nada. El domingo puse una lavadora con ropa que tengo que llevarme, pero desde entonces no ha parado de llover y no he podido tender ni nada. Siempre me pasa lo mismo, así que ahora tendré que volver a meter la ropa en la lavadora, con el trabajo que me cuesta todo eso, y sobre todo ahora, con todas las agujetas que tengo.

Ayer fui al gimnasio por primera vez. Me recomendó que fuera L., una compañera de trabajo, para liberarme del estrés que concentramos a lo largo de toda la semana. Pregunté en su gimnasio, pero era demasiado caro, así que después de visitar unos pocos me he matriculado en uno que cuesta 16 euros al mes. Bueno, el primero me ha salido gratis y me ha dado para comprarme un chándal y unos zapatos de deporte. Cuando fui a pagar la cuota mensual, el señor de la ventanilla del banco me devolvió cambio de 100 euros y yo le había dado un billete de 50. Así que entré con un billete de 50 y salí con más de 80.

Mi gimnasio está en Las Margaritas, un barrio marginal de Córdoba que a mí me pilla a cinco minutos. La verdad es que no está nada mal. Es un pabellón nuevo del Ayuntamiento y por esa cuota tengo derecho a ir cualquier día y a cualquier hora. La señora de la puerta me enseñó la semana pasada el pabellón. Había mucha gente jugando al fútbol, haciendo aerobic, haciendo aerobic flamenco, haciendo aerobic rap y muchas otras variedades. También había una sala donde hacían yoga. Parecía una fiesta del pijama, todos vestidos con chándal blanco tumbados sobre colchonetas. Yo iré exclusivamente a la sala de musculación, para "liberarme del estrés y dejar la vida sedentaria". Es lo que le dije a la de la puerta, y ni siquiera me contestó. Se ve que allí la gente da otras respuestas. Me enseñó todas las instalaciones. Cuando llegamos a la sala de musculación no estaba el monitor, que sólo trabaja una hora cada día. Como tenemos horarios incompatibles, nos comunicamos por escritos que le dejo en lo alto de su mesa.

Ayer fui por primera vez. Cuando llegué eran las 9 de la mañana. Sólo había un anciano pedaleando en una bicicleta estática. Creo que hacía algún tipo de rehabilitación. Yo me monté en otra. Cuando llevaba cinco minutos, ya no podía más, pero el anciano seguía allí montado, pedaleando más fuerte que antes. Luego seguí con las máquinas, en muchas de las cuales no sabía cómo ponerme ni cómo tirar. Estuve una hora, hasta las diez. Al salir, me encontré a la misma señora de la puerta que la semana anterior me había enseñado el gimmnasio. Salió a despedirse. "¿Cómo te ha ido?", me preguntó. Yo le dije que no sabía si quiera lo que había hecho, y que en la bicicleta apenas pude durar cinco minutos. Entonces empezó a sacar conversación, con mi ficha personal sobre la mesa, como queriendo encontrar algún tipo de vínculo entre nuestras vidas. "Yo tampoco he hecho nunca gimnasia", me dijo. Y empezó a sincerarse: "Una vez me entrevistó un periodista". La señora se sabía mi ficha personal al completo, y empezaba a indagar sobre mi vida. Yo le contestaba las preguntas, no sé por qué, hasta que llegó alguien a preguntar y tuvo que atenderle. Aproveché para irme en ese momento. "Hasta mañana", me dijo en voz alta. "Hasta luego", le respondí. Al abrir la puerta estaba lloviendo. Sentí que no podía irme y miré para atrás: síndrome de Estocolmo fulminante. "Tendré que correr", le dije. Y salí de allí a toda prisa bajo una tromba de agua.

PREPARACIONES

El próximo viernes nos vamos de viaje M., la murciana de Cádiz, R., mi compañera de trabajo, y yo a Barcelona. Estaremos una semana entera. Para mí, la excusa ha sido ir al Fórum, pero lo que yo realmente quiero es cambiar un poco de ciudad, que se ve que cuando llevo mucho tiempo sin moverme de Córdoba me entra un no sé qué parecido a la claustrofobia. M. se apuntó al viaje antesdeayer. R. y yo llevábamos algunos días preparándolo, y cuando lo teníamos todo resuelto llamé a M., porque nos habíamos prometido que teníamos que ir al Fórum. Nos quedaremos a dormir en el piso de un primo de la pareja de R., al que no conocemos nadie pero que muy amablemente nos deja su casa. Se ve que vive en plenas Ramblas, adonde habíamos estado consultando algunos albergues y nos salían carísimos. Con lo que nos ahorramos en estancia hemos planeado un día ir a Figueras, por lo del año Dalí y todo eso. Yo ya estuvo hace cuatro años, pero me gustaría volver allí, a ver el castillo ese rojo con los huevos de gallina gigantes encima de las almenas.

Barcelona me trae muchos recuerdos. Estuve allí en la excursión de fin de curso de tercero de BUP. Estuvimos una semana, pero ahora será diferente porque podremos salir por la ciudad e ir a los lugares que más nos interesen. Ahora yo no me quedo sin ver la manzana de oro del Ensanche, con todas las casas modernistas y tanta arquitectura que te puede dar un dolor de cuello de mirar todo el rato para arriba. También me gustaría volver a la Sagrada Familia y al Parque Güell. Tengo recuerdos muy buenos de la Sagrada Familia y, sobre todo, del Aquarium que hay en el Maremagnum. Estuve allí con V. una tarde entera. Luego recuerdo que nos sentamos en los leones que hay en la estatua de Colón. Bueno, recuerdos... Ah, tampoco se me puede olvidar fijarme en la escultura de Liechtenstein que hay en el Moll de la Fusta.

Lo que se dice preparaciones, no estoy haciendo muchas. Debería ir a comprarme una bolsa de viaje, porque la maleta que tengo es enorme. Tampoco sé qué ropa llevarme, porque desconozco el tiempo que hace en Cataluña. Cogeremos un talgo a las 23.00 el viernes por la noche, y llegaremos allí por la mañana. Allí quedaremos con la pareja de R. y con su primo. Luego, no sé si más tarde o más temprano, quedaremos con M., que llega desde Murcia. Todavía tiene que telefonearme para decirme a qué hora llega y a qué hora tenemos que ir a recogerla. Quizás el domingo vayamos al Forum. El resto de los días no sé lo que haremos, según cómo vaya surgiendo. La única preparación que estoy haciendo es grabarme el disco Behaviour de los Pet Shop Boys, porque quiero que este viaje tenga la banda sonora de los Pet Shop Boys. Nunca me había detenido a escucharlos, pero el otro día me bajé una canción de ellos, Being Boring, y me gustó. Ya sólo me faltan tres por bajarme, pero están muy complicadas porque no las tiene nadie.

LO HE SOÑADO

Llego al periódico. La secretaria está picando los horóscopos, los pasatiempos y los muertos en la recepción. Nos saludamos y me entrega el correo y la prensa del día. Entro a la redacción. Al lado de la sección de diseño hay una colchoneta. Todo toma un matiz de gimnasio, de pronto hay tablas en las paredes, un ring en local. Vestimos chándal y zapatos de deporte. El subdirector lleva un silbato colgado del cuello. Pita y nos ponemos en fila. Todos obedecemos, en silencio. Alineados, saltan a la colchoneta, de color azul. Dan volteretas. Soy el último de la fila. Todos saltan y obedecen, dan giros, una, dos vueltas. Llega mi turno. Soy el último. Todo está vacío, ya se han ido todos salvo el subdirector y yo. Él lleva un chándal diferente al del principio. Yo no quiero saltar sobre la colchoneta. “No sé dar volteretas”, le digo. “Entonces tendrás que irte”, me contesta. Lo intento. Me tiro al suelo y apuntalo la cabeza en el colchón. De pronto me duele el cuello. Ahora estoy en cuclillas. Me coge de los pies y me alza, me obliga a dar una voltereta. Caigo mal y me salgo del colchón. Hay un indicio de enfrentamiento, pero desisto y me voy. Lo dejo todo. A la salida, ya no está la secretaria. Todos los ordenadores están apagados. La puerta de salida da directamente a la calle. No hay ascensor, ni segunda planta, ni árboles en las aceras.

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El jueves salimos. Se ve que por alguna extraña reacción de la bebida en el estómago vacío me pasé toda la noche soñando. Estuvimos en La Buhardilla hasta las 4.30, y al día siguiente trabajábamos. Yo me acosté y eran más de las 5.00, así que el viernes llegué destrozado al periódico, como casi todos. Tuve que redactar una información sobre un accidente en una central térmica, y me pareció complicadísimo. Llamé al Consejo de Seguridad Nuclear y la chica de prensa me aclaró algunos conceptos. Pasé una tarde horrible, sobre todo porque era consciente del fémur de la pierna derecha. Hace poco me pasó con el pie izquierdo. Caminaba y era consciente de esa parte del cuerpo, como si no formara parte de mí, como si fuera el propio zapato. Otras veces me ha pasado con los dedos de las manos. Es una situación muy incómoda, y el viernes me pasó con el fémur. Estuve toda la tarde levantándome y bebiendo agua. Cuando el viernes salí del periódico ya eran más de las once de la noche, así que llegué a casa reventado.

Esta mañana, cuando iba a la estación a coger un autobús para Montilla, recibí un mensaje de M., que decía que pasaban el fin de semana en Córdoba para ir de cruces. Yo estaba muy cansado, así que seguí el recorrido como tenía pensado y ahora estoy en Montilla. Sábado noche y no he salido porque no hay nadie por aquí. A., la profesora, me ha dado un toque. Se ve que también está con M. en Córdoba. Tenemos unos horarios totalmente incompatibles y hace semanas, desde el Sábado de Gloria, que no nos vemos.

EL RITUAL

Otra vez a hacer la maleta. Vengo a Montilla para dos días y me traigo de todo: dos pantalones, dos jerséis, el chándal, un pijama, la chaqueta, discos compactos, la grabadora, el listín telefónico, las fiambreras vacías, libros que empecé a leer hace meses, discos compactos sin grabar, la libreta y el bolígrafo, unos zapatos por si acaso salgo. Y luego no lo saco de la maleta, pero mamá, muy temprano, lo mete todo en la lavadora porque se cree que es ropa que ya me he puesto. Así que otra vez a hacer la maleta. Siempre me pasa lo mismo, y luego me subo en el autobús con un olor a suavizante muy fuerte, que casi marea. Así que otra vez a empaquetarlo todo. Una vez a la semana, durante ocho meses, el mismo ritual.

UN BUEN DÍA

No he podido actualizar el diario en los últimos días. El Sábado Santo se me averió el módem, creo que por una subida de tensión en la línea, y desde entonces he estado sin Internet en casa. Hoy, por fin, he podido ir a recoger el nuevo módem, que va perfecto y ni se cae de la línea ni nada, no como el que tenía antes. Me lo han regalado, porque, al parecer, el otro se ha roto solo. Yo no le he comentado al informática lo de la subida de tensión en la línea, pero un técnico nos dijo que la televisión y el vídeo se nos habían roto por eso. Mis padres dicen que el Viernes Santo vieron caer en el patio un rayo, y que la tele dio como una pequeña explosión. Bueno, pues desde entonces he estado sin Internet y sin poder actualizar el diario.

Cosas que he hecho en los últimos días:

- Comprar una funda para los asientos del coche. Sólo me ha costado 12 euros. Encontré la oferta hoy, por casualidad, en el Eroski.
- Cenar fuera con R., que ahora está en la sección de provincia del periódico, como yo. Era lo mejor que me podía pasar laboralmente.
- Salir con los de Canal Sur, con los chóferes y los cámaras. Con los periodistas, no.
- Ir de compras para ver la ropa de primavera. Demasiado moderna. No he comprado nada.
- Perder y encontrar el carnet de identidad. Lo tenía en el bolsillo de un pantalón que me puse el Jueves Santo. Ayer por la mañana recordé que lo tenía allí.
- Conducir. El fin de semana pasado me solté definitivamente con el coche. Ya me he recorrido toda la comarca. He ido a Fernán Núñez, Espejo, Montemayor, Aguilar de la Frontera, Montalbán, La Rambla y Puente Genil. Este último pueblo me pareció horrible. No volveré mientras pueda.
- Escuchar música. El jueves de la semana pasada, después del bajón que me había dado el miércoles, casi no pude dormir por la noche. Llegué al periódico muy temprano. Hice gestiones y me acordé de que el año pasado siempre escuchaba música. Hacía lo posible para no perderme el Diario Pop, mi programa de radio favorito. Para animarme un poco, lo puse en un equipo pequeño que tenemos en la sección y conecté unos auriculares. El programa empezó con una de mis canciones favoritas de Los Planetas, "Un buen día". Luego, no sé por qué, Jesús Ordovás había preparado un especial, y estuvieron poniendo canciones de conciertos antiguos de Alaska con Los Pegamoides, con Dinarama y al principio, cuando se llamaban Kaka de Lux. Debería escuchar más a menudo este programa.

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Imagen pop de la primavera: Alaska, embutida en un vestido de cuero negro y con una capa, surcando los cielos en su nuevo videoclip.

CLOSER

Antesdeayer me llamó H., uno de los responsables del semanario La Calle, al periódico. Yo estaba trabajando. "Hola, soy H.", me dijo. "Perdona que te llame al trabajo, pero es que estamos buscando una persona para cubrir un hueco que hay en la redacción y hemos pensado en ti". Yo no había mandado el curriculum allí ni nada, así que me quedé sorprendido. Se lo comenté a L., mi compañera de sección, y me dijo que ni de coña, que no se me ocurriera. Yo lo tenía muy claro hasta hoy a mediodía, cuando cogí el autobús desde Montilla a Córdoba. Ayer tuve que ir a Montilla porque había pleno por la noche, así que debía aprovechar esta mañana para conseguir allí algún tema. He llegado a un extremo en que esta situación me parece insoportable. Hoy he estado todo el día depresivo. Cuando mi padre me llevó en la moto a la estación de autobuses para volver a Córdoba, lo dije bien claro: "Tenía que haberme ido a La Calle". Pero ya por la mañana había llamado a H., para decirle que sería imposible quedar como dijimos, y que, además, ya había pensado que mejor me quedaba como estaba, que me gustaba lo que estaba haciendo en el periódico. Sí, "me gustaba", porque ya no es así. Me di cuenta en el instante en que mi madre me vio cómo me montaba en la moto que conducía mi padre, y se dio cuenta de la cara que yo llevaba. Siempre discutimos porque quiere que yo me lleve demasiada comida hasta Córdoba, pero hoy la cogí y la metí en la mochila. Cuando llegué a Córdoba no fui al piso a soltarla ni nada, sino que me metí directamente en la redacción. Las fresas y las alcachofas han pasado allí toda la tarde, junto a mí, mientras escribía una crónica absurda que no quiero volver a leer. Tampoco quiero volver mañana al periódico, ni hacer nada. Esta noche me comeré las alcachofas, y después las fresas. Las mojaré en vinagre y en azúcar.

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Toda la Semana Santa me la he pasado trabajando, y creo que en el periódico no hay ni solidaridad ni nada... Estuve toda la semana en Córdoba. El Jueves Santo salí solo, porque no quería hablar con nadie, y estuve toda la tarde comiendo comida basura. Compré dos bolsas de pipas con sal, un bocadillo en una tienda de comida rápida, y por la noche me bebí en café y me tomé unos donuts de crema de leche en el Dunkin Donuts. La crema de leche me recuerda a Madrid, a los pocos días que pasé allí. Cada mañana íbamos al Dunkin Donuts y luego cogíamos el Metro. El Jueves Santo por la noche empezó a llover, así que me metí en una heladería y seguí pidiendo comida. En los últimos meses he adelgazado varios kilos, creo que del estrés y de la tensión. Luego me recorrí varias iglesias. Creo que llevaba varios años, desde que estudiaba en Sevilla y una tarde me recorrí con M.C. varias iglesias. ¿Qué habrá sido de M.C.? Llevo meses sin saber de ella. Hablábamos mucho, íbamos al cine, a exposiciones. Cosas que en Córdoba no he vuelto a hacer. La última película que vi en el cine, por ejemplo, fue Las Horas, en Sevilla. Aquella noche fui con M., y cuando salimos de la sala pasamos varios minutos sin hablar. Bueno, fueron segundos, pero los recuerdo como minutos. Recuerdo aquel momento. Junto a una torre del río que no sé como se llama y que era uno de mis sitios favoritos de Sevilla para pasear. El Jueves Santo estuve a punto de ir al cine, después de comer los helados, el café, los donuts, el bocadillo y las pipas. Pasé varios minutos frente a la taquilla -literalmente- mientras la gente me pasaba en la cola. Luego no entré; me acordé del mensaje que C. me había mandado al principio de la tarde, y que yo no había contestado. Me puse triste y me volví a casa.

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El Sábado de Gloria había quedado con M., que había venido de Málaga de vacaciones; con Á., que había venido de Madrid; con A., la profesora; con M. y con otros amigos. Estuvimos en el campo de B., que también había venido de Madrid. Paseamos, bebimos y comimos. Representamos el Santo Entierro Magnum, con unos polos de chocolate blanco como si fueran cirios y portando a M., que se había sentado en una silla en posición triunfal. Tenemos fotos que no quiero ver. Nos hemos condenado al infierno por esa herejía.

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Este fin de semana volveré a Montilla. Tengo que aclararme muchas cosas a mí mismo, y mañana será un día duro en el trabajo. El sábado tengo que hacer muchas cosas. Tengo que llevar el coche a arreglar al taller, porque he vuelto a cargarme una rueda y falla la batería; tengo que recoger el ordenador, porque se ma ha estropeado el módem; y tengo que ir a pelarme, que ya no sé qué hacerme en la cabeza por las mañanas. A lo mejor me viene bien un poco de actividad. Incluso he pensado en apuntarme al gimnasio. Por la noche no saldré. No llamaré a nadie. Escucharé música. A lo mejor leeré algo. Y quizás pensaré.

MIÓPATA MITOCONDRIAL. CREO QUE PADEZCO UNA ENFERMEDAD RARA

Hola, me llamo Ángel y soy teleadicto. Me di cuenta el viernes por la noche, cuando tomaba unas cervezas con M., que había venido de Málaga, y con unos amigos comunes. M. dijo: "Hoy me he enterado de que Chenoa se ha quitado culo". Los que había allí no se lo podían creer, pero entonces yo iba a añadir: "Y ha cortado con Bisbal. Otra famosa que se ha hecho una liposucción es María José Campanario". Nadie lo sabía. En ese momento me quedé callado y me di cuenta de por qué yo sabía todo aquello: creo que soy teleadicto. Lo he meditado desde entonces, y me han venido a la cabeza algunos hechos puntuales que creo que lo corroboran. Cuando era niño y estaba en el colegio siempre madrugaba los fines de semana. Me despertaba antes que nadie, sobre las 07.30, y encendía la televisión. Me pasaba todo el fin de semana allí sentado. Ahora, por ejemplo, tampoco me importa no salir un fin de semana si me quedo en casa viendo la tele. El viernes mismo, eran más de las 22.00 y no había hecho planes, pero entonces me llamó M., que acababa de llegar de Málaga. En ese momento estaba viendo la tele, una película malísima de Kim Bassinger que estaba empezando en Tele 5. Con poca fuerza de voluntad, pero con mucho esfuerzo, dejé la película y salí con M.

Desde entonces he pensado varias veces en mi teleadicción, y he llegado a la conclusión de que a lo largo de estos años me he aficionado a programas muy diferentes. Iba a hacer un ranking, pero no me decido. (Bueno, el número uno creo que sería 'La mirada crítica').

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Hola, me llamo Ángel y creo que padezco miopatía mitocondrial, una enfermedad rara que podría estar en el origen de mi teleadicción. Me di cuenta ayer, cuando leía una página del diario que se publica hoy: "Las miopatías mitocondriales son un trastorno del metabolismo de herencia materna que se caracterizan por el mal funcionamiento de las mitocondrias, unos cilindros microscópicos que forman parte de las células y que se encargan de producir la energía que éstas necesitan. Por ello, cuando las mitocondrias no funcionan bien, la célula no dispone de energía suficiente para realizar su trabajo. Esto ocurre en todos los tejidos del cuerpo, pero las células de los músculos y el cerebro necesitan más energía aún para realizar su labor y, por tanto, notan antes su escasez.

Cuando el músculo no tiene la energía que necesita pierde fuerza, de ahí que los síntomas más frecuentes de las miopatías mitocondriales sean una combinación de cansancio generalizado, pérdida de fuerza en los brazos y las piernas, caída de los párpados, dificultad en mover los ojos, flacidez en los músculos del cuello e imposibilidad para caminar".

Creo que reúno algunos de esos síntomas. Cuando me despierto, por ejemplo, y aunque haya dormido ocho horas, sigo estando cansado. Por eso me levanto, me preparo el desayuno, enciendo la tele y me quedo un rato sentado en el sillón, desayunando y viendo 'La mirada crítica'. A lo mejor por eso soy teleadicto.